“Ay, Karime”

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Ay Karime, ya lo decía la gran María Félix, tanto tiempo usando el abanico y todavía no sabes echarte aire. Tontamente nunca viste las señales. Tan embriagada estabas en el empoderamiento de tu propia vanidad, que simplemente ofrecías pastelillos a una sociedad hambrienta. Siendo la sombra y mano derecha de un gobernador empeñado en abusar de la grey, parecía que no había señal que te advirtiera que mientras tu vivías en lo más alto de tu imperio familiar, cientos de madres creían que sus hijos sanaban del cáncer a base de letales inyecciones de agua turbia.

No hay más ciego que el que no quiere ver y claro, tú, con todo y que te bajabas el paliacate a modo de trampa para darle más certeramente a la piñata, te hiciste de la vista gorda ante las actuaciones desvergonzadas de tu marido.

Tu porte, Karime, tu gloriosa postura cada que salías en septiembre a vociferar tierra y libertad ante la angustiosa mirada de un pueblo hambriento, de madres desoladas y prensa ensangrentada, era voluptuoso.

Cuando las autoridades encontraron aquella libreta tuya en el almacén que tenían en Córdoba, y leyeron esa frase que escribiste y que decía: “Sí merezco abundancia” supimos quien eras en verdad.

Ay, Karime, ni cómo echarte la mano. Lo digo porque cuando ya ni los voladores de Papantla tenían ganas de volar de tanta miseria, tú te dabas el lujo de vestirte de Chanel, Valentino, Salvatore Ferragamo y Prada. Todo con el fin de presumirle a los finos y educados londinenses que eras una mujer bien que había salido bien librada de esa turba de salvajes que según tu conciencia un día te perseguirían.

¿Recuerdas esa misiva que escribiste en el 2017? Te recuerdo, pon atención. Reclamabas te fueran devueltos palos de golf, obras de arte y cristalería. Protestaste contra los mexicanos diciendo que te pertenecían. No creo que no pienses en que tu gente también desea le devuelvas los 112 millones de pesos que muy discretamente te “clavaste”, como dirían tus bien hablados paisanos de Alvarado. Te apoderaste de ese dinero para tu uso personal y es que a ti, como a otras esposas de los llamados “gobernadores modelo”del ya extinto neoliberalismo, les gusta vivir bien y caminar sobre la espalda del trabajador. La prueba está, se te ha visto andando por el céntrico Hyde Park y el Palacio Kensington. Tus hijos estudian en las mejores escuelas de Reino Unido y tú no sales de casa si tu maquillista personal no te polvea el rostro.

No sé qué sentiste cuando fuiste detenida hace unos días. Tal vez te visualizaste como tu marido, joven y con apariencia de un octogenario… ¿por que sí lo has visto, verdad? Es un pobre ermitaño odiado por muchos que de seguro de salir libre, le pasaría lo que al asesino de John Lennon y ala asesina de Selena, una aporreada segura y si no es que la muerte apenas tuvieran un pie fuera de prisión.

Oye Karime, ¿no te acongoja ver el desabasto de ánimo y de bienes en tu tierra veracruzana? Caray, tu expresión cínica dice que no. Y es que nada más en un mes te gastas al menos 77 mil dólares cuando una mujer pensionada aquí en México recibe cuatro mil pesos y creo que hasta me excedo.

Ay, Karime, tus dioses te agarren confesada el día que caigas en manos mexicanas, pero no en las garras de la corruptela que colma la justicia mexicana, no, en manos del pueblo, de esos de los que te burlaste. Si bien te va, unos añitos en la cárcel para terminar saliendo como la maestra Elva Esther Gordillo, vieja y devaluada políticamente hablando. Si mal te va, no se me ocurre otra cosa que Antonieta de Versalles, ahí te la dejo para que la recuerdes.

No me imagino a tus hijos, criados en el pecado de la avaricia viviendo en nuestro país. Seguro serían víctimas del bullying. Recuerda que somos el país número uno ya no sólo en obesidad, (y no lo digo por tu marido) también en carrilla escolar.

Estuviste detenida unas cinco horas que de seguro se te hicieron 50. Para pronto sacaste tu monedero y sin más pagaste 150 mil libras esterlinas de fianza y para que te dieran un chance de llevar el oprobio en libertad. Pagaste 3.5 millones de pesos como si fuera una bondadosa propina en el supermercado. Creo que a estas alturas vas entendiendo que ya fueron muchos los escupitajos que habías lanzado al cielo y que de pronto la justicia se te presento con un “Ya estuvo” lo bastante penoso.

Ay, Karime, pues qué te podemos decir. Simplemente no supiste mover el abanico con la maestría debida y eso, eso te costará muy caro. Adieu.

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